Viene siendo un tema del que se opina mucho y sabemos realmente poco, del verdadero escenario en la realidad política venezolana. Algunas cosas suceden más allá de la profunda crisis institucional y social, donde las noticias que nos llegan a veces no son nada, comparado con lo que ha tenido que vivir parte del pueblo bolivariano.
La realidad de Venezuela es dura y no solamente por el componente humano, sino por una profunda segmentación ideológica, donde oficialismo y oposición engendran el mal de la corrupción y la ineficiente gestión, gracias al fanatismo del poder desmesurado.
A este paso creo que tendrá que correr primero más sangre, hasta que los actores implicados se reúnan a negociar y puedan ganar ambas partes en una salida pacífica y lograr un proceso de restauración.
Pero acá lo que ha ganado es el orgullo, el poder desmesurado y fanatizado de un oficialismo que ya no puede sostener sus políticas y una oposición audaz que dejó de ser oposición para ser opositora. Nadie crea que el día que termine la era de Chávez-Maduro, Venezuela comenzará una época restauración, por el contrario las contiendas seguirán hasta tanto no se diriman las fuerzas que hoy en día confrontan en aquel país.
La mejor solución posible es que en ese país se celebren elecciones con la presencia del oficialismo, restantes partidos y la presencia de organismos internacionales, efectuando las debidas garantías y controlando que todo se desarrolle con normalidad. La elección del pueblo deberá ser respetada siempre.
Pero la política es un tablero de ajedrez y en Venezuela pasan situaciones que aún podemos desconocer. Nadie dirá lo contrario a que el actual presidente Nicolás Maduro ya ha saturado su gestión, la cual termina siendo caótica y poco gobernable producto de la forma y descuidando a veces el contenido. Pero desde el chavismo hay un culto al líder desmesurado y fanatizado, lo que ha provocado parte de un pueblo dominable.
Lo que pasa en Venezuela es ganancia de horrorosos “pescadores” donde además de asentar estrategias y fácil acceso a recursos naturales, se busca acrecentar planes que vendrán a futuro, es decir, maniobras que ya están en juego en la región, en donde es una cuestión mucho más que geopolítica.
Gracias a este tipo de situaciones uno se convence más de la ineficiencia de muchos organismos internacionales, donde la inoperancia opera pragmáticamente y no da soluciones ágiles, por el contrario todo se apaña en el discurso y en el círculo de las convenciones, poniendo la excusa de la diplomacia y los excesivos tiempos en la concreción de acciones certeras.
Lo que ha pasado y está pasando en Venezuela es una consecuencia brutal que da lugar cuando la política y el poder se fanatizan. Sabemos que el poder no controlado, pude dañar por más tiempo que una guerra, porque si no existen garantías de debidos procesos y orden institucional, la democracia y la estabilidad social tienden a permanecer en crisis.
Por eso muchas veces debemos formar una opinión consensuada en argumentos sólidos, con verdad y memoria histórica. Venezuela tuvo un gran auge en lo económico y social, con muchas políticas del primer y segundo gobierno de Hugo Chávez. Hay que ver las crisis y la realidad de antes para poder analizar significativos cambios que en la vida social y económica tuvieron muchas acciones impulsadas por el “chavismo”. Pero en gestión política no todo es bueno, lo malo fue cuando la gestión se fanatizó en el afán de radicar el socialismo y parte del modelo de sistema cubano.
Era de esperarse más aún, cuando la figura de Chávez y ahora la de Maduro se transpolaron casi a la de un “führer”, en el sentido de que parte de un pueblo se sesgó en fanatizar, donde todo era aceptado si lo decía el General, en donde políticas positivas, pasaron a ser políticas en incremento del poder acumulador y olvidando la realidad que estaba pasando y no deduciendo cuan viable era el contexto.
Acá se habla de un presidente ilegítimo y de un presidente autoproclamado, de países y organismos que apoyan el surgimiento del diálogo y otros que desconocen el actual gobierno e incluso ven pasible una intervención militar.
No hemos sentido a Juan Guaidó, especificar con contundencia que posición tomará ante una intervención militar de EEUU, ¿prefiere no intervenir o hay otros intereses creados? , ¿Por qué Estados Unidos decide inmiscuirse en asuntos internos de distintos países? ¿los organismos internacionales están para el diálogo y la intermediación o hay estrategias muy dóciles ante el poder de sus principales socios? ¿Cuándo Maduro va reconocer que tiene que mirar desde otro punto de vista?
Esto es claro, por un lado están los que creen que Maduro es un tirano, que ha llevado a Venezuela a su mayor debacle, por otro los que reconocen al autoproclamado Guaidó como un defensor del pueblo libre y que viene con la “verdad”, otros optamos por no creerle a ninguno de los dos. ¿Sabremos todo, incluso lo malo, de lo que en verdad está pasando? ¿Por qué Maduro no ejerce el poder como es debido? ¿Por qué Guidó se niega al diálogo?.
Todos coincidimos que se debe llamar a elecciones democráticas y con todas las garantías en la participación de la oposición y del oficialismo.
Pero la verdad va a seguir siendo la misma. El transcurso de la estrategia política vaya a saber cómo termine, porque se trastocan, se tergiversan y son solo anuncios comparados con la realidad cruel de este tema. Testigo de ello es la gran diáspora por el mundo de venezolanos en busca de una mejor vida, un ejemplo de la cantidad de venezolanos en nuestro país.
Por eso, porque el pueblo se exprese y convalide el voto de Maduro o de un nuevo elegible, pero que sea el pueblo venezolano, con el monitoreo y la vigilancia de organizaciones internacionales, no de la intromisión.
Aboguemos por la conciliación, dejemos de ser fanatizadores y escuchemos varias campanas. No nos quedemos con los primeros y masivos titulares, que a veces no muestran toda la verdad.
Cuidado con los profetas, con los que hacen leña del árbol caído, con los que quieren llegar y dar recetas mágicas, con los que reniegan de la corrupción pero formaron parte de ella. América y el mundo se merecen una Venezuela en Paz.

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