Hemos visto las terribles historias que han sacudido emociones. Nos ha ganado la impotencia por las circunstancias que han tenido que atravesar familias, personas de todos los sexos, ante el avance cruel de la inseguridad y la violencia. Mayormente la mujer ha sido la víctima, en una sociedad fragmentada y dispuesta a seguir el atroz avance de estos problemas, con violaciones, agresiones, incluso la muerte.
Cada sexo es bello por su forma y origen, pero la mujer es quién nos da el ser, nos cría en su vientre y ha tenido una constante lucha de derechos, pero muchas batallas las ha tenido que dar en silencio, producto de los tiempos que nos han tocado vivir y como circunstancias que parten de una sociedad en común.
Hoy en día la reivindicación del género ha tomado una atención preponderante. Si analizamos el eje de la cuestión comprobaremos que se ha entrado en un círculo del que ya no se vuelve como los propios problemas que sustentan la inseguridad y la violencia, sino se trabaja en procesos que llevan educación y años por delante, en donde la solución empieza por no dividir solamente en género, sino integrar y no mostrarse a la defensiva para el problema sino con el problema.
Y si queremos incluir, hagámoslo con acciones directas y concretas por más breves que sean todos los días, no queriendo trasladar y avasallar el lenguaje. En la escuela quizás nos enseñaron muchas mentiras, pero no podemos transformar realidades constantes y que engloban formas y contenidos, en el afán de manifestar nuestro interés. Hay cosas que seguirán su forma y no será como nosotros queremos, es parte de vivir en una sociedad aceptar la diferencia, que es distinto a la injusticia. ¿De qué sirve denominar “todes”, en vez de todas o todos?, ¿Por incluir, o por reafirmar la balanza desde un lado?, ¿Nos sentimos incluidos, o entramos en la rosca de la minoría y la mayoría? ¿Siempre la "a" delante de la "o" ó la "o" delante de la "a", primero ella, primero él…? ¿No seremos más que todo eso?, ¿no será mejor valorar cada sexo y trabajar porque las oportunidades sean iguales y que dependa de cada uno su alcance? ¿ella siempre será menos y el más, cuando ella es menos?.
A veces observamos mucho afán en machacar la grieta y no unir la grieta. Se le ha querido denominar “femicidio”, al asesinato de una mujer, pero es un asesinato. Hay que proteger a la mujer, darle su lugar al igual que cualquier otro ser. Y si la mujer lucha, no debe luchar solo con mujeres, debe estar rodeada de hombres que quieren también su bien. ¿Por qué no integrar a hombres en algunas marchas en post de la lucha contra la violencia?
Y cuando creamos que este tema está perdido preguntemos a muchos ancianos que hacen en un asilo, a nuestros hijos cuando llegan tarde ¿por qué?, ¿los padres permiten determinadas cosas?, ¿qué piensan de determinados problemas que son parte de la juventud? , ¿la responsabilidad de los padres en la conducta de un hijo acaba a los dieciocho años?.
Y puedo no ser el mas indicado para exponer estas líneas. Doy fe de que producto a veces de mi carácter y circunstancias ajenas, me he equivocado y me equivoco no solo como hombre sino como ser. Vaya si nos equivocamos, si erramos en actos, todos tenemos algo que decir y a veces que callar, o a veces también, alguien nos escuche….
Basta de querer maniobrar un tema que es de todos, de discriminar. Toleremos y respetemos más.
La violencia en general y más aún a mujeres, siendo un importante número que la padece y ha costado vidas, con todo el respeto, no solo se arregla con caminar bajo la denominación de “feminista” o vestirse de negro. La violencia es un mal que vino para quedarse, mientras no trabajemos en causas que la provocan, en instrumentos sociales, en políticas a largo plazo, pero que tengan efecto progresivo en este mal. Somos conscientes que hay que trabajar mucho y en diversos temas, pero lo que quiero transmitir es que esta lucha es de todos y todos a la par, no debemos “seguir machacando en la desigualad, en la opresión, en que la mujer es menor y el hombre es mayor, en la victimización”. Debemos seguir reclamando, altar voces ante injusticias, pedirlo, gritarlo, pero sabiendo que hombres y mujeres somos los mismos humanos, más allá de toda condición y defendiendo la libertad pero no lo confundamos con libertinaje.
La vida nos enseña que las cosas no cambian a nuestro modo. Asesinatos y violencia lamentablemente van a seguir existiendo, requiere acciones nuestras y desde instituciones que nos gobiernan, para que al menos esto se mitigue y poder empezar un proceso que conjugue tiempo con acciones. Necesitamos más humanización y sentimiento pero por sobretodo que las “masas” y los movimientos sociales se revolucionen en otro sentido, plural y transformador.

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