Por Marcos de León.
En vista de todo lo que va sucediendo por estos días, es bueno brindar nuestra opinión respecto a alguna de ellas. El abandonado y querido Barlovento pareciera tener fecha de muerte, después de años de abandono y no ser restaurado ni siquiera por ningún inversor. ¿Pero será solo por su historia, deudas, falta de regularización por parte de catastro, o hay otras implicancias? El tema es que las posibilidades en nuestro destino de explotación comercial, de buena actividad en los negocios, es próspera para algunos sectores solamente en verano, luego el trabajo, la actividad vaya si se reciente y mucho. Piriápolis como ciudad para todos sus habitantes y destino turístico, necesita desarrollar inversiones, actividades, recursos, que permitan desarrollar más trabajo, pero a la vez incurrir en la desestacionalización de la oferta turística y una mejor presentación de la ya existente. Pero gestionar esto ha sido y será muy difícil, producto de la realidad. Sabemos muy bien que acá no son viables empresas de gran porte, que el turismo es mayormente de sol y playa, en donde se han trillado todos sus atractivos naturales e históricos. Remodelar el destino, será parte de los futuros gobiernos locales y del apoyo nacional, pero a la vez de una nueva vanguardia de los empresarios locales, que prolongue la actividad más allá de los meses de verano. Y relacionado a ello, que falta hace en Piriápolis una sala teatral. Es una vieja deuda para esta ciudad, y no hablo de un mega teatro, sino una sala mediana que puede albergar suficiente público, para presenciar espectáculos en los meses de verano e invierno, para que los estudiantes de teatro y Bella Artes tengan un espacio alternativo, para las fiestas de centros educativos y hasta pueda ser adaptable para congresos y eventos. Sería bueno que las autoridades del Ministerio de Cultura plasmaran ello en Piriápolis, ocupados por dejar una imagen cercana a doña Rosa y Juan del pueblo hace días atrás, donde la acción no está en llevarse ideas anotadas en un papel, hay que crear y repartir en todo el territorio más infraestructura, que desde hace años se está debiendo. Sabemos que somos un país chico, que es costoso, pero se deben ir generando de a poco y con la ayuda privada, iniciativas que cambien la realidad y a Piriápolis, para que la juventud tenga sus espacios, para que los habitantes vean una ciudad mejor, que existan ganas de emprender y no de seguir achatados y con una ciudad que más que el turismo, incentiva al retiro. Que exista lugar para la tranquilidad, pero hayan nuevas actividades. Y mirando el país, no olvidemos que somos un país desarrollado en parte del contorno sur, Maldonado, Montevideo, Colonia, parte de Canelones y del litoral, concentran el mayor desarrollo social, el resto, cuando nos adentramos en el interior profundo, no imaginamos con la falta de desarrollo social y hasta en infraestructura que nos podemos topar, hay lugares desiertos, de solo campo. Hay gente que aún hoy tiene que ir a la capital porque en su departamento de origen no puede hacer cosas que en la capital si, que tiene que atender su salud porque bien sabemos que parte de la asistencia en salud se resuelve en la capital, e inclusive que muchas personas van a los departamentos costeros a trabajar, porque saben que no se sobrevive donde están. Por ello atención cuando decimos que Uruguay avanza, puede avanzar en algunas cosas, pero no en algunos puntos centrales. Aún sabemos las características actuales de un país que pareciera envidiarse desde afuera, pero aún sigue en la medianía por no aprender de recetas promisorias o no saber frenar a tiempo errores que arrojan pérdidas que no se recuperan fácil. Y cada gobierno no tendrá la barita mágica, se encontrará con problemas, porque esto lleva un compromiso entre los propios partidos, en vez de cinchar cada uno desde sus ideas, ver lo que le sirve al Uruguay.
A veces entre acciones cercanas y distantes nos damos cuenta de la marcha que tiene la vida. Tan fácil para unos, tan compleja para otros. Trayectorias nos eligen y caminos nos evaden. Nos arruina la rutina y nos expande la
monotonía. Muchos de nosotros somos extrovertidos, entusiastas, alegres, emprendedores y pro activos, otros al contrario, un poco menos, un poco más distintos, pero así mismo no se encuentra el sentido a muchas cosas que nos pasan, al rumbo del camino...Llevamos una mochila cargada de experiencias, de marcas, de momentos que atravesamos y nos atraviesan. Nos nutre todo, lo bueno y lo malo. Al fin y al cabo marchando, viviendo lo que nos toca, sin a veces preguntarnos como nos sentimos en verdad y que hacemos para cambiarlo, aún sabiendo que hay cosas que llegan y no se pueden cambiar. Nacemos, nos alimentan, nos educan para vivir y porque más tarde tendremos responsabilidades y obligaciones, nos vamos desarrollando, tenemos un trabajo, a veces porque nos gusta y a veces porque caemos en él y perduramos, lo mantenemos, porque hay un horario que seguir y cuentas que pagar. Levantarse, desayunar, trabajar, estudiar, volver, tener tiempo libre, dormir y otras cosas... Veo gente que no vive, transcurre. Lejos de ser dramático y renegar la realidad, creo que para que las cosas se transformen hay que darle otro sentido a nuestra acción. Aunque la muerte nos abata, las relaciones terminen, amigos se separen, algo se acabe, algo malo suceda, la vida esta para vivir con ella. No ha venido a ser fácil, es compleja y a veces hay cosas que no se entenderán nunca, envueltas en una humanidad que es lacerante.
Hasta la próxima amigos
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