Días atrás nos topamos con el titular en el diario “El Observador” que titulaba: “El 40% de los hogares uruguayos está en riesgo de caer en la pobreza”, necesariamente ha sido una noticia que ha ocupado distintos análisis y debates en diversos ámbitos. Ahondar en este tema requiere reunir las bases que lo forman y ver cuales soluciones eficaces se pueden implementar, aplicando efectos a corto plazo para palear impactos severos pero que repercutan y se sostengan en un mejor futuro. Lo curioso es que días antes, el diario “El País” sacaba un titular que encabezó José Mujica: "las políticas sociales no dieron resultados" y hay que "trabajar lo represivo".
El panorama económico está nervioso, producto de las condiciones objetivas del país, el cual parte de un problema de gestión actual del gobierno y de la subsistencia del propio País. Acá debemos de tener en cuenta que no hay fórmulas mágicas, nadie puede cambiar todo de un período de un año a otro, aludiendo a que si su partido gana una elección “creará puestos de trabajo, sacará impuestos, bajará el gasto público, etc.” para ello hay que conformar un plan programático, que contemple salir de la situación pero además solucionar sus consecuencias.
Y en adelante voy a referirme desde algunos temas, con expresiones extraídas del discurso de asunción en el año 2007, de la ex presidente argentina Cristina Fernández de Kirchner, las que me gustó abordarlas desde nuestro país y que tienen un profundo significado, dejando de lado gestiones que actualmente involucran a la senadora.
Se trata entonces de poder sentar las bases de planes eficaces y eficientes para que a través de elecciones democráticas que marca la Constitución, no signifiquen que cada cuatro años los uruguayos cambiamos de modelo económico y una política pendular terminamos frustrando todo. A poco de conocer a los países con más desarrollo económico y social e indagar en las claves de su crecimiento y de su desarrollo, uno puede encontrar en la defensa irrestricta de sus propios intereses, como Estados y sociedades, la clave de ese avance, la clave de ese desarrollo. Una idea, una propuesta alternativa, seria, viable, realizable lleva mucho más que dos minutos de televisión o cinco centímetros en las columnas de los diarios, porque se afirma en voluntades y en consensos. Implementar un plan asistencialista no es malo, lo malo es que ese plan perdure durante años, pero esa fue la solución elegida para “sacar a personas de la pobreza” siendo una alternativa que “si bien apagó un incendio”, generó otro. Confucio decía: “Dale un pescado a un hombre y comerá un día. Enséñale a pescar y comerá toda la vida”. Actuemos ante las emergencias sí, pero hagamos que los que recurren a un plan asistencialista, tengan un oficio, trabajen, tengan medios para salir adelante.
El Uruguay ha recorrido un largo camino en todos estos años desde su vuelta de la Democracia y antes también, pero en el presente hay que debatir con propuestas alternativas y viables, con memoria histórica de dónde viene cada partido, qué hizo cada uno y qué representó cada uno que es lo que da legitimidad para poder plantear una propuesta.
Y vaya si la Justicia también incide en el valor País. Mediante elecciones elegimos a parte del Poder Legislativo y Ejecutivo, pero siempre me he preguntado ¿por qué no sucede lo mismo con el Poder Judicial?, reestructurando además una legislación que para respaldar la seguridad está obsoleta. Porque si algo debe caracterizar el ejercicio de la democracia es la igualdad ante la ley, no solamente la libertad, es la libertad y la igualdad, la una sin la otra no funcionan.
Los uruguayos debemos volver a sentir a la Justicia como un valor reparador y equilibrador y que también será imprescindible en la reconstrucción del valor "seguridad" para todos los ciudadanos, en momentos donde muchas veces resultan incomprensibles muchas decisiones que causan estupor en la ciudadanía, que no alcanza a comprender en virtud de qué códigos, de qué principios o de qué leyes, se producen determinadas decisiones judiciales.
No solo las instituciones del Estado en sus tres poderes deben abordar la reconstrucción de este nuestro país, también otros estamentos de la sociedad, empresariales, dirigenciales, medios de comunicación deben saber que el hecho de no integrar el espacio público gubernamental, no los exime también de la tarea y de la responsabilidad que a cada uno de aquellos uruguayos que tiene un poco más de poder, bastante más poder -diría yo- que el resto de los ciudadanos, tienen también obligación moral de construir un país distinto.
Nos debemos también un relato diferente de nosotros mismos los uruguayos, no de autocomplacencia, no de ocultamiento, pero sí el necesario reconocimiento a los logros obtenidos y, en todo caso, a marcar lo que falta, pero reconocer lo que se ha logrado desde todos los gobiernos que han transcurrido, rescatando y profundizando lo que se ha hecho bien. También la sociedad es parte importante. No se puede cambiar un país únicamente con un buen gobierno en sus tres poderes. Para cambiar un país hace falta un buen gobierno y una buena sociedad, donde cada uno de los ciudadanos sepa que todos los días cuando toma decisiones, está también construyendo el modelo de sociedad en la que quiere vivir. Debemos interpelarnos cada uno de nosotros, más allá de los lugares que ocupemos, como ciudadanos qué hacemos todos los días para ser un poco mejores y entonces vivir en un país mejor. Esto no significa diluir responsabilidades, sino simplemente que cada uno se haga cargo de la que le corresponde en la construcción de una sociedad diferente. Pero instituciones y sociedad solo se reconocen cuando pueden lograr objetivos de mejorar la calidad de vida de la gente.
Creo que debemos superar ese tabú histórico que siempre hubo de que si el modelo era del agro, de industria, o de servicios. En un modelo de acumulación campo e industria tienen sinergia, más aún si se complementa con los servicios y ahí es donde mediante el Turismo se debe continuar trabajando. Pero también debemos atraer más industrias sostenibles y colaborar en la productividad y competitividad de la agricultura. En un país donde existe tanta tierra, no puede ser posible que exista un bajo cultivo para el auto-consumo y no se exporten más alimentos orgánicos.
También es pertinente abocarse en la educación. La educación pública de nuestros padres y abuelos no es la de hoy. Fueron los que se educaron en escuelas y universidades donde había clases todos los días, donde los maestros y profesores muchas veces sabían más que sus alumnos y sabían enseñar, donde tenían que estudiar lo suficiente para poder aprobar y pasar, porque creían en el esfuerzo, porque creían en el sacrificio. Porque no hay financiamiento estatal que valga. Se puede destinar no seis puntos del PBI, se puede destinar diez, pero si no hay capacitación y formación docente con una remuneración mejorada, si los alumnos no estudian, si la familia no se hace cargo, en fin si todos no trabajamos y nos esforzamos y cooperamos en lograr el bien común, va a ser muy difícil no solamente lograr una mejor calidad de educación sino también seguramente un mejor país. Y para ello es hora de remarcar la necesidad de trabajar en la interacción de la ciudadanía y su convivencia.
No olvidemos que ese 40%, además del riesgo de pobreza material, hay uno más temible, y que de ella las estadísticas no hablan, que es la pobreza humana, la que nos está devorando….
Hasta la próxima
Muchos temas se abarcan pero que cada uno va de la mano del otro. Sin extenderme demasiado en opinar en cada uno de los temas, lo que más me preocupa es la alta concentración de tierras en manos de empresas extranjeras que no me parece mal; lo que sí me preocupa es la falta de incentivos, apoyos económicos por parte del Estado para aquel ciudadano que quiera tener su emprendimiento agrícola y si quiere poder combinar la actividad turística que esta es un servicio en reciente crecimiento en nuestro país.
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