Ya es costumbre, desde
muchas asambleas y discursos, ver como eje protagónico la temática del medio
ambiente. Se ha propuesto que personas
de todo el mundo, en un día, se sumen y apaguen la luz eléctrica, en el lema
“La Hora del Planeta”, pero ¿Qué sucede con el resto de las horas? ¿Qué sucede
en los parques eólicos, cuál es su otra cara?, ¿Qué pasa con las energías
renovables, con su escasez? Algo más recurrente aún, la Mega-minería. Un tema
opinado y confrontado por diversas personas y que gracias al riesgo-interés que
conlleva, no se habla en campañas electorales. Pero, ¿Por qué ocurre dicha
problemática por estos años, por que antes no se hablaba de Mega-minería? ¿Será
que se encontró en Uruguay una fuente de recursos para ser explotada y
alterada…será que la explotación en otros países va caducando, será que
empresas extranjeras encuentran acá lo que no encuentran en otros lugares?,
quién sabe. Lo cierto es que aún no se dice un SI o un NO.
Somos muchos los que compartimos que nuestro país
no acceda a esa industria, y no estar de acuerdo no solo se debe fundamentar en
decir “no porque contamina, porque destruye, etc.” Contaminan muchas cosas y de
nada sirve decir No, sino se brindan argumentos, y en esta cuestión creo que
necesariamente han fallado argumentos sólidos y pruebas contundentes. Es bien
cierto que hoy el Estado necesita nuevas fuentes de ingresos de recursos, que
no sean de exportaciones, servicios, agricultura o ganadería exclusivamente.
Ahora bien, ¿Si hemos sobrevivido sin minería, por qué no seguir sin ella y
seguir fomentando otros sectores productivos? ¿Se analizan muchos beneficios,
pero donde está el análisis de los daños irreparables? ¿Nos pasará lo mismo que
con las plantas de celulosa?, prometiéndose cosas que nunca pasaron….
Hace unos años atrás, el
Ministerio de Turismo y Deportes, lanzaba la imagen de “Uruguay Natural”. Una
imagen de cara a un producto turístico, no solo se sostiene mediante simples
estrategias. Si apostamos a ofrecer un “Uruguay Natural”, debemos tomar
decisiones acordes a los nuevos tiempos que enfrenta el país y el mundo en
materia medioambiental. Es hora de escuchar a ecologistas, a manifestantes, a
profesionales en la materia, activistas, y a los muchos ciudadanos uruguayos
que protegemos el país en el que vivimos. Algunas personas afirman que de no
ocurrir ciertos proyectos industriales, ¿qué ocurriría con la economía, con la
inversión?, es una cuestión que da para hablar y profesionales tendrán su
análisis. Pero, ¿Se justifica verdaderamente que industrias mayormente
extranjeras sigan depredando recursos naturales?, ¿No basta con una planta de
celulosa de gran porte para un país de algo más de tres millones de
habitantes?, ¿Es necesario instalar otra en el departamento de Cerro Largo, como
se prevé? ¿Seguirán existiendo planes, estrategias en países como Uruguay, en
donde sus condiciones juegan como campo abierto para seguir manipulando a la
naturaleza, los recursos y hasta propias personas? Pero una cosa es clara, la
economía y el mundo que se mueve hoy necesita de todo esto para mantener ese
funcionamiento en el que estamos insertos, así se ha provocado.
Ya es hora que dejemos
de ampararnos en decisiones políticas y en la supuesta inversión. Lo cierto es
que cada vez menos contamos con espacios naturales, con oxígeno, va ganando la
“jungla de cemento”, pero un bosque que se tala, un suelo que se escava, tarda
años en recuperarse, es oxígeno que no vuelve.
Por otra parte, se
necesita fomentar campañas que involucren a los ciudadanos, que los hagan
partícipes y responsables de la mano del voluntariado. Porque lo importante es
generar también voluntad. El mundo no solo se construye con acciones aisladas,
también se construye con acciones periódicas y recíprocas. Piensa tan solo, en
que puedes
empezar a ser desde tu hogar, desde tu empresa, desde tu grupo de amigos, con
tu vecino/a, para empezar a cuidar y mantener mejor nuestro sustento de vida,
que es la tierra. A veces no topamos con un papel, una botella y no somos
capaces de depositarlo en un recipiente, no mantenemos nuestros terrenos y
espacios verdes prolijos. Es costumbre y eso se vuelve irremediable sino se
empuja a que algo distinto acontezca.
Ya es hora que se decrete
la prohibición de la bolsa de nylon en organizaciones comerciales y el uso de
recipientes no retornables. Debemos de
empezar a dejar de ver a la basura, como basura y saber clasificarla desde
nuestras propias familias. Por consiguiente, el reciclaje, la reutilización, eco-eficiencia
y el eco-diseño, como parte de la filosofía de la Ecología Industrial, no es un
modismo, sino una realidad que se ha fortalecido en los últimos años en donde
muchas organizaciones en otros países lo instrumentan.
El cuidado del medio
ambiente no puede seguir siendo una agenda abultada de buenas intenciones, debe
ser la consecución y el establecimiento de un estado de convivencia verdadero,
de una forma de actuar de todas las personas y de cada sociedad, respaldada por
acciones de gobierno organizadas, con procesos y soluciones.
A veces más que escuchar
alertas y grandes discursos en asambleas y en muchas voces del mundo, es hora
de que cada uno comience o siga realizando acciones positivas. No olvidemos que
por otra parte la naturaleza nos está pidiendo a gritos lo que alguna vez nos
pidió en silencio…”Reacciona, es tu tiempo”.
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