Analizando la retórica expuesta en varias
voces durante la Asamblea General de la ONU, es una buena oportunidad para
exponer ciertas consideraciones. Existen
fracasos cada vez más globales en lo que a la gestión de la política se refiere
y ello repercute en la vida de las sociedades, cada vez más vulnerables y
sometidas a problemas severos. Una
cantidad de situaciones y problemáticas que siguen incidiendo en el transcurrir
de este mundo y que las distintas gestiones contribuyen a que así sea. Es bueno
decir, el carácter del discurso marcado por la reflexión, por a conciencia, por
el poder de oratoria de muchos mandatarios y mandatarias. Pero esa actitud más
que obrar, complace voluntades que desean un cambio, atraen, estimulan, y poco
se hace, nulo. ¿Qué hacen los
presidentes y las presidentes cuando se bajan del estrado?, a donde llegan las
altas decisiones cuando se toman, en posibles acciones concretas o en la ya tan
nombrada burocracia, que no ha sido más que una excusa para sostener todos los
vicios o errores que las personas con un poco más de poder cometen. No hemos
visto, por ejemplo, que hagan un llamado a la autocrítica, todo gira en torno
al disfrazado lamento, al tejer una esperanza vaga. Si bien se han hecho
denuncias, lo que está mal ¿quién actúa? Qué importancia le dan a todo lo que
hablan cuando se apaga el micrófono, cuando establecen diálogos y acuerdos,
cuando van a sus países y siguen con la misma gestión muchas veces, tan
inverosímil. Con el mismo énfasis, porque no asistimos a discursos que se
centralicen más en acciones concretas, en poder reunirse para tomar medidas y
bajar los lineamientos a los distintos grupos de acción capaces de trabajar.
Para ello hay que tener convicciones legítimas, liderazgo, responsabilidad,
capacidad de equipo y verdad. Debemos darnos cuenta de lo que los Estados
representan, de lo que son los problemas, y trabajar en las consecuencias. Ya
no nos podemos organizar solo en derecha, en izquierda, en centro. Todo lo que
pasa en el mundo demuestra que se intuye cada vez más un cambio en la
dirigencia política y el establecimiento de nuevos paradigmas. Ya no sirve más
hinchar solo por la barra, por los objetivos del partido, hay que establecer
negociaciones, y ver que hace y que hizo cada uno. Las organizaciones políticas
se deben complementar y tener al pueblo como articulador. Sería ingenuo pensar
en una unión de la clase política, en
dejar a todos contentos. No es así. Pero es necesario demostrar otra
organización que permita realizar consensos, debates con argumentos. En que el
poder se empiece a distribuir más en el “pueblo” y no sea conferido y
manipulado por los que tienen más poder. Porque partidos existirán siempre como
ejércitos, como crisis, como dependencias y como independientes. Porque los
hábitos se vuelven costumbres y las costumbres perduran. La práctica solo hará
a nuevas mentalidades. Porque es importante que sepamos que todo lo que pasa no
es ajeno, cada causa es una consecuencia. La raíces de varias situaciones
problemáticas que vivimos son producto
de cómo los distintos sistemas políticos y organizaciones funcionan. Nada es
consecuente de lo que no se ha hecho. Todos bien sabemos que existen pactos de
silencio, favores que pagar, grupos de control, mafias, corrupciones, cuotas
políticas y una maraña sin fin. Cada ser humano es distinto y distinto su
accionar, pero de lo que si se debe estar seguro es que solo las revoluciones y
transformaciones humanas, en pueblos activos y no pasivos, en luchadores del bien y verdaderos
servidores con equipo y fuerza en sus voluntades podrán sacar este mundo
adelante. La gente de a pie, en cada día tiene esa oportunidad. Históricamente
se nos ha demostrado que grandes líderes han sacado a los pueblos adelante,
también los que han estimulado a las grandes "
masas" y han cometido aberraciones. Somos un
blanco de ignorancia pero a la vez con mentalidad suficiente para ver lo que es
correcto o no y ver hasta donde nuestro medio nos condiciona. ¿Las mayorías
tienen siempre razón? ¿El "pueblo" no se equivoca?, respuestas ensombrecidas por el velo aparente de lo que la realidad
transcribe. Lo cierto es que llego la hora de revolucionar el esquema, pero no
revoluciones de violencia, a las que estamos acostumbrados, no revoluciones de
estrategias sino de ideales, de acciones de los ciudadanos. Se deben conformar
equipos, unir fuerzas y no lamentar lo que vendrá sino decidir y actuar con el
mayor compromiso de procurar un mundo y
una nación en el más completo estado de libertades, de seguridad, de equilibrio
y de bienestar. De seguro en el mundo ya hay grandes revolucionarios y
servidores del mundo. Seres de luz no dicen serlo, simplemente lo son. Ahora
mismo hay personas que trabajan bien y hacen cosas que transformen su realidad
y la de todos.
Personalmente nuestro presidente ha dado un
discurso basado en generar esperanza, ocasionar reflexión, hablar de verdades,
lástima por todo lo que sucede, recurre a la oratoria sentimentalista y
sometida. Si bien sus palabras son de acierto, que sucede en lo que Uruguay hoy
demuestra y lo que su historia también. Los gobiernos anteriores han tenido
aciertos y grandes desaciertos porque han gobernado para sus compromisos del
momento, el país ha visto claros y oscuros.
Este gobierno ha provocado avances y retrocesos, han revolucionado masas
para bien y para mal, pero lo cierto es que todos los gobiernos han utilizado
hasta ahora la misma fórmula...
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