La política se ha basado en crear afiliación mediante
el liderazgo de sus dirigentes, a lo que las masas influenciadas terminan
aprobando o desaprobando. Hay avances, retrocesos, logros, errores o cosas que
sencillamente no se transforman, por que se amparan en una estructura de
gestión con muchos vicios, la tan sentida burocracia o en sus efectos
“burrocracia”.
Fuera de todo ideal partidario, no se trata de
criticar o respaldar a partidos o dirigentes, sino de poner en análisis lo que
representa la Política y el Estado para cada uno de nosotros. Es crucial una
transformación paulatina en la gestión política y para comenzar se necesita
promover liderazgos convincentes, que demuestren mediante el recorrido de otro
camino, una clara transformación desde la fuerza colectiva para todas las
esferas de la sociedad.
Y en esta decisión, a cada ciudadano le competen
sus derechos y obligaciones. Debemos alejarnos de esa concepción en que el
Estado lo compone y dirigen solamente los gobernantes y los funcionarios
públicos, el Estado somos todos y todos formamos parte en pequeña o gran
medida. El país se transforma con nosotros, no solamente con decisiones
gubernamentales. Ya es hora de plasmar la soberanía en las voluntades
populares, en lo que piensa y decide la gente, a las necesidades y cambios que
aspira, a la concreción de un desarrollo sustentable para su presente y sus
generaciones futuras.
Esto lo marca un camino, en donde los nuevos
líderes políticos tomen con determinación nuevos parámetros en su gestión, en
donde motiven a grupos en el proceso de crear nuevas realidades sociales más
que utilizarlos como instrumentos de voto para sus propios intereses
partidarios. Una gestión consensuada en la negociación, en el debate, en
argumentos, en obras positivas, en inclusión desde la sociedad al logro de
objetivos y participación en las decisiones. No sería en vano, instalar juntas
y parlamentos no solamente de ediles, senadores y diputados, sino también de
ciudadanos comunes que representen a sus comunidades y puedan modificar sus
propias realidades en un positivo avance, con todo lo que ello implicaría. Y
esta misión conlleva voluntad, además de un compromiso responsable y
convalidado en demostrar interés en el bien común, luchar por injusticias,
promover valores, contribuyendo a una sociedad equilibrada y de bienestar.
Revoluciones son las que se necesitan, en la
conducción, en la autoridad y en la participación. Te invito a que
opines, a que construyas tu opinión. Porque la verdadera política trasciende
partidos y nos debe interesar a todos.
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