
Más de una vez, alguien como Enrique Pinti, un reconocido actor, humorista, director teatral, escritor y dramaturgo argentino, con extensa trayectoria teatral y cinematográfica ha afirmado que no tiene computadora, ni celular, ni cuenta de Twitter ni de Facebook.
Hoy en día para muchos de nosotros es algo descabellado que ocurra algo así, ¿cómo puede ser que una persona, pese al componente generacional, en algún momento no transcurra su vida por estas herramientas tecnológicas?, ¿Te has preguntado si puedes estar un día, horas sin tu celular, sin una Pc al alcance, sin estar conectado a redes sociales?
Lo cierto es que de alguna manera u otra, estamos ligados directa o indirectamente al funcionamiento de todas estas herramientas. “No podemos seguir trabajando, cayó el sistema…dice algún funcionario”, por otro lado el común de la gente dice que se ha acortado las distancias, pero las distancias siguen siendo las mismas. Se acorta el tiempo para llegar a ellas, algo no menor -el tiempo- nuestro más valioso recurso. Y por otra parte, nos quejamos de que el tiempo no nos da, nos rehusamos a muchas cosas por falta de tiempo. ¿El tiempo determina al hombre, o el hombre es quién lo determina?.
Pero digamos la verdad, esta revolución tecnológica constante nos posibilita enormes oportunidades. Ellas nos permiten expresarnos de muchas maneras. Podemos saber de hechos al instante, podemos ver a un familiar en un país lejano, accedemos a vastas oportunidades de conocimiento, tenemos acceso a innumerables fuentes de información, la que es cuantiosa y diversa. Recurrimos en menor medida a los libros de estudio, ¿enciclopedias , atlas?, ¿Qué es eso?. Gana la industria del software, ¿Qué pasa con los libreros y con tantos otros? ¿Conocemos mejor y personalmente a los que con un clic ya son nuestros amigos?. ¿Cómo sería nuestra interacción si estuviésemos más en contacto, si mirásemos más a los ojos, si dialoguemos un poco más de rato?
Logramos una comunicación en tan solo segundos, pero has pensado que si bien estamos tan comunicados y tenemos tanta información, quizás muchos conozcamos la realidad cada vez menos.
Las redes nos permiten tener acceso, a casi todo, o por lo menos a lo que otros quieren que veamos. Nos inquieta, nos despierta curiosidad que hace el de al lado y el lejano, el famoso, difundimos frases y palabras bonitas, pero actuamos realmente poco.
Muchos delitos en las redes sociales se producen y son muy difíciles de controlar, comprobar y por ende castigar. Se acortado la línea con la privacidad, todo se puede mostrar. Ya es recurrente ver videos íntimos de forma infraganti, pertenecientes a personas públicas y también a desconocidos escrachados como broma pesada de mal gusto. Aparecen perfiles falsificados, es muy fácil copiar y pegar, la inseguridad es más factible. Nada parece controlable, ya todo es aceptado y común.
Pero el hecho es que hoy nos gusta la tecnología, estar conectados, sin que ello no en todos los casos, traiga aparejado saber más realmente. La tecnología necesita de nosotros y nosotros de ella. Es muy fortuita, nos brinda posibilidades, el tema sería preguntarnos ¿qué esta haciendo el hombre en este aspecto? hasta que punto es imprescindible, que puede pasar si a parte de su uso masivo se intenta lo mismo desde otros medios, si cuando cae un sistema no se establece un plan B, ¿no se puede escribir a mano?¿Qué sucede cuando se nos solicita que la mayor parte de escritos y cartas, deben ser mecanografiados? ¿No se podrán escribir algunos a mano?. Pero bien sabemos que pierden valor, no se acepta de la misma manera una nota escrita a mano que en computadora, por más que sea escrita y legible correctamente. ¿Qué esta pasando con la escritura y lectura en niños y adultos?, estarán antes que la Ceibal y la tablet, sin desmerecer sus positivos beneficios ¿no habrán antes otras necesidades?.
Si deben transformarse muchas cosas, es bueno mirar estos asuntos y las decisiones que se tomen respecto a estos temas. Sin recurrir a situaciones límites es bueno saber que todo tiene su costo-beneficio. ¿Qué pasaría con nuestra vida, si intentamos promover más que los niños se lleven más libros en la mochila y los lean, que les cuenten un cuento a la hora de dormir, si las personas estuviesen más al tanto de la familia, si la gente hablara y analizará, más de lo que escucha y lee, en acercar distintos vínculos, en dejar sentir más las cosas, en no contar desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, ¿Qué logramos en verdad, que dejamos de perder por estar atento a todo esto?. Lo cierto es que ya no nos interrogamos, pasa como algo común y desapercibido. Cuesta colgar el teléfono, la Pc, el videojuego, y abocarnos a otras cosas, que si bien no nos llaman la atención, son evidentes que existen.
Hasta la próxima
Marcos de León
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